¡Es
muy bueno perdonar!
Con el perdón, estamos tranquilos y más
cerca de nuestros hermanos
La pata distraída
En un pequeño pueblo de La Pampa, vivía
feliz y despreocupada la Pata Alicia.
Ella era blanca, gordita y veloz. Amiga de todos los animales del corral
fanática de la cumbia y de los panqueques de
dulce de leche.
Había un detalle en su personalidad que a nadie le gustaba.
La patita Alicia era un poco torpe. En realidad, un poco tirando a
bastante, les diría que casi un montón.
Por ejemplo, se levantaba temprano ya pensando en los panqueques que
desayunaría, y al desperezarse, tiraba el nido de calandrias
que dormía en una rama baja. Cerraba tan fuerte la puerta del
corral, que descolgaba las herramientas que ordenaba Don Carlos en
el techo, poniendo en peligro a patos inocentes.
Una mañana de sol, de esas increíbles en las que dan
ganas de salir a pasear, Alicia preparó una canasta con comida,
su grabador, las hojotas, y se fue a disfrutar de
un picnic.
Mientras caminaba, se llevó por delante tres hormigueros, destejió cuatro
telas de araña y puso el mantel para el almuerzo
justo, justo, sobre la cuevita de una familia de sapos cantores.
Ante las quejas de los animales, ella respondía sonriente: ¡Ups!
No me dí cuenta, perdón.
Ese mediodía, los animales del lugar estaban enfurecidos. Sin
que ella se diera cuenta, un grupo de hormigas musculosas,
le sacaron las pilas al grabador, cuatro caracoles se
llevaron los panqueques del almuerzo y una parejita de horneros agarraron
con su pico el mantel del picnic, dejando a la patita sorprendida y
sola al lado del arroyo.
La pata se puso a patalear, a llorar y a hacer puchero. ¡Se sentía
sola y los animales del lugar parecían estar todos en su contra!
Se sentía triste. Peor que el día que comió maíz
sin sal.
De pronto, se asomó una lechuza emplumada y
muy inteligente que le dijo a la patita: Es muy bueno reconocer los
errores y pedir perdón cuando uno se equivoca. Pero mucho mejor
que eso, es arreglar lo que arruinamos, pegar lo que rompimos y ordenar
lo que desordenamos.
Vos llegaste al lugar y molestaste a muchos de nosotros. Lo único
que se te ocurrió, fue disculparte y seguir tu camino. Creo
que hay algo más que debes hacer por tus hermanos, los animales,
de este lugar.
La patita se puso seria, tomó aire y con el tenedor del almuerzo,
tejió las telas de araña que había roto, con la
cuchara del postre, ayudó a reconstruir los hormigueros derrumbados,
y se fue a la laguna, atrapó dentro del salero medio kilo de
mosquitos,
y se los regaló a la familia de sapos, para tratar de reparar
el mal rato que les había hecho pasar, poniéndoles el
mantel en la puerta de entrada de su pocito.
Los animales se alegraron y ¿saben qué? Alicia se sintió aliviada
y feliz.
Lorena Piñeiro
Actividad
para trabajar con los chicos… Manos a la
obra:
Ordená la secuencia
- La patita se va de picnic
- Alicia teje las telas de araña destruidas
- Le sacan las pilas de su grabador en señal de protesta
- Sale del corral poniendo en peligro al resto de los patos
- Pide disculpas, se sonríe y sigue su camino
- La lechuza le pide que arregle lo que arruinó
- Alicia repara el daño y se siente feliz

El vendedor de pociones
Cuentan que una vez, un viajero, llegó desde una tierra lejana, a un pequeño
pueblo.
Era un hombre joven, fuerte, de barba oscura y tupida, con ojos profundos
y negros. Vestía turbante y túnica blanca. Era comerciante y vivía
yendo de pueblo en pueblo vendiendo brebajes.
Llegó de madrugada, colocó una tela en el piso y sobre ella, ubicó varias
docenas de frascos.
La gente curiosa, se fue acercando a medida que se asomaba el sol.
Sus pócimas estaban embotelladas en finos envases que deslumbraban
con la luz del sol.
La curiosidad de la gente aumentó, cuando comenzaron a leer las etiquetas
de los brebajes que vendía.
“Sinceridad total” “Amor eterno” “Simpatía
sin enojos” “Alegría duradera” “Unión
por siempre”…
Hasta ahí sólo sintieron curiosidad. Pero el asombro llegó con
la segunda fila de perfumes: “Odio mortal” “Venganza sin piedad” “Mentiras
piadosas” “Engaño sin condición”
El hombre decía que con sólo beber dos gotas en ayunas, la esencia
comenzaría a actuar.
Multitudes de personas se empujaban con el dinero en la mano esperando recibir
a cambio el frasco que buscaban.
Los novios, pidieron el de “Amor eterno”. Un hombre alto y panzón,
y de cara de enojo, se llevó el de “Odio mortal”. Un vendedor
de camellos, fue por la noche y sin que nadie lo viera, se llevó “Engaño
sin condición”, para que lo ayudara en sus negocios.
Y así, a plena luz del día, o en la noche más cerrada, todos
los pobladores tuvieron en sus casas el frasco que habían
elegido.
“Estás un poco más vieja pero cuánto más delgada,
Margarita”- decía la vecina que había tomado el brebaje de
la “sinceridad total” ante el asombro de su ofendida
vecina.
“Este camello tiene solo tres años, llévelo. Me lo vendió un
rey árabe” –aseguraba el comerciante que se desayunaba con “Engaño
sin condición”
Los novios a la semana de probar “Amor eterno”, se casaron.
El dueño de la posada, luego de dos semanas de despertarse con “Alegría
duradera”, organizó una fiesta para todos los habitantes
del lugar.
Una mañana sin previo aviso, el comerciante dejó el
pueblo.
Nadie lo notó, ya que todos estaban muy ocupados en sus asuntos.
Dos meses más tarde, el viajero regresó.
La gente lo esperaba ansiosa con sus botellas vacías para
que el hombre se las llenara con tan maravillosas esencias.
Nuevamente el joven del turbante estiró la tela en el suelo, y en lugar
de muchas filas de botellas, sacó una grande, rosada, de cuello largo
y abombada en la base. Era de vidrio labrado, que también
brillaba con los reflejos del sol.
Comenzó a recibir las botellas de a una, y sin mirar la etiqueta con el
nombre del elixir, las llenó con el líquido que contenía
la botella.
Las personas estaban desconcertadas. Había llenado con el mismo líquido,
el frasco de “Sinceridad total” que el de “Odio mortal”.
Llenó hasta arriba el frasco de “Alegría duradera” y
al instante volcaba el mismo líquido en el frasco de “Venganza Ciega”.
La gente empezó a quejarse, y a gritarle. A pedirle que le devolviera
el dinero, que era un estafador. Que le exigían que les vendiera los brebajes
que ellos le pedían.
El hombre los miró. Esperó que se callaran y habló así.
- La primera vez que vine a este pueblo, mis botellas estaban llenas
de este mismo líquido.
Es la savia de un antiguo árbol llamado “cuariguá”,
que en mi lengua significa, “Corazón”. Mezclado con agua de
manantial. Tiene un sabor suave, y dulzón.
- Pero, ¿Quiere decirnos que en lugar de la verdadera poción que
pedimos, estuvimos bebiendo savia de un raro árbol con agua?- protestó la
vecina que bebía sinceridad.
- Sí, respondió el comerciante.
- ¿Me quiere explicar entonces, cómo hicimos mi hermana y yo que
estamos peleadas hace veinte años para reconciliarnos, si no hubiese tomado
yo del frasquito de “perdón”?
- ¿Y cómo explica que mis ventas subieron… si yo bebí el
de “Enga…” digo, el de “honestidad”? - apuró a
corregirse, el mentiroso comerciante de camellos.
El joven del turbante tomó la palabra y dijo: Un maestro muy sabio me
explicó una vez, que no es malo lo que entra en el corazón del
hombre, sino lo que sale de él.
Ustedes bebieron savia con agua, y actuaron según lo que había
en el corazón de cada uno.
Todos se miraron en silencio, y cada uno se fue a su casa.
Lorena Piñeiro,
del libro Preparamos los remos 3 ed. San Pablo, CLaretiana y Gram.
Propuesta:
El vendedor de pociones:
Jesús desde su palabra nos dice: no es malo lo que entra en el
corazón del hombre, sino lo que sale de él.
(Mt. 15, 10-11. 17-19)
Jesús nos invita desde nuestra libertad de hijos de DIos, a expresarnos,
movernos y pensar del modo que dicte nuestro corazón.
Pero ¿Qué pasa cuando en él habitan egoísmos,
envidias, enojos, rencores y mezquindades?
Este cuento nos invita a pensar:
¿Qué sentimientos y valores habitan mi corazón?
¿Cuáles son los motores que conducen mi actuar?
¿Cuántas veces culpamos a los otros de pobrezas, que
en realidad laten en nuestro interior?
¿Cuál es la poción que elegiría beber,
para actuar frente a mis hermanos, en mi casa, en mi trabajo y frente
a Dios?
Frente a mi ser catequista hoy: ¿Cuáles son las cualidades
que me habitan?
¿Qué palabras, o gestos deseo abandonar, poner a los pies
de Jesús, para que Él desde su Resurrección los
haga nuevos, mejores y listos para ser compartidos?
Oración: "Quiera DIos que mi boca hable, del Dios que en mi
corazón habita"
Para trabajar con los chicos:
1 Recapitular el cuento narrándolo entre todos, para comprobar la comprensión
del mismo.
2¿Qué enseñanza le deja al pueblo, el vendedor
de pociones?
3 Buscar en el Evangelio, la cita a la que el vendedor hace referencia.
4 Dibujar o nombrar situaciones, en las que pareciera, me hubiera
desayunado con alguno de los frascos equivocados.
Por ejemplo: muchas veces me comporté como si hubiese bebido el frasco
de "mentiras piadosas" porque...
Desde hoy deseo beber..." verdad total, aunque me reten" ( a modo
de ejemplo para guiar el trabajo)
5 pegar fotos de diarios y revistas donde aparecen gestos propios de un
buen amigo de Jesús y de otros gestos que no lo son.
otra opción: entregarles un corazón de cartulina y que ellos peguen
de diarios y revistas o bien escriban dentro del corazón, qué gestos
y actitudes deben habitar mi corazón para que haya lugar para Jesús
en él.
Para finalizar: escribirle una carta a Jesús amigo, contándole
cuáles son las actitudes que tenemos que no nos gustan,
que lastiman a los demás, y que deseamos cambiar. Se la regalamos
en forma de oración
porque los queremos mucho.