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carismas, experiencias pastorales y misioneras, etc.
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Rincón Narrativo

Este espacio está pensado para quien busca cuentos, reflexiones, propuestas de trabajos y celebraciones y otro tipo de escritos destinados a enriquecer las tareas propias del ministerio catequístico y docente. Sin agotar las posibilidades, cada uno sabrá en qué ocasión y circunstancia utilizarlos.


Mamerto Menapace

Cuentos con propuestas de trabajo y celebraciones.

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Lorena Piñeiro - Equipo PARACATEQUISTAS.COM

¡Es muy bueno perdonar!
Con el perdón, estamos tranquilos y más cerca de nuestros hermanos
La pata distraída

En un pequeño pueblo de La Pampa, vivía feliz y despreocupada la Pata Alicia.
Ella era blanca, gordita y veloz. Amiga de todos los animales del corral fanática de la cumbia y de los panqueques de dulce de leche.
Había un detalle en su personalidad que a nadie le gustaba. La patita Alicia era un poco torpe. En realidad, un poco tirando a bastante, les diría que casi un montón.
Por ejemplo, se levantaba temprano ya pensando en los panqueques que desayunaría, y al desperezarse, tiraba el nido de calandrias que dormía en una rama baja. Cerraba tan fuerte la puerta del corral, que descolgaba las herramientas que ordenaba Don Carlos en el techo, poniendo en peligro a patos inocentes.
Una mañana de sol, de esas increíbles en las que dan ganas de salir a pasear, Alicia preparó una canasta con comida, su grabador, las hojotas, y se fue a disfrutar de un picnic.
Mientras caminaba, se llevó por delante tres hormigueros, destejió cuatro telas de araña y puso el mantel para el almuerzo justo, justo, sobre la cuevita de una familia de sapos cantores.
Ante las quejas de los animales, ella respondía sonriente: ¡Ups! No me dí cuenta, perdón.
Ese mediodía, los animales del lugar estaban enfurecidos. Sin que ella se diera cuenta, un grupo de hormigas musculosas, le sacaron las pilas al grabador, cuatro caracoles se llevaron los panqueques del almuerzo y una parejita de horneros agarraron con su pico el mantel del picnic, dejando a la patita sorprendida y sola al lado del arroyo.
La pata se puso a patalear, a llorar y a hacer puchero. ¡Se sentía sola y los animales del lugar parecían estar todos en su contra!
Se sentía triste. Peor que el día que comió maíz sin sal.
De pronto, se asomó una lechuza emplumada y muy inteligente que le dijo a la patita: Es muy bueno reconocer los errores y pedir perdón cuando uno se equivoca. Pero mucho mejor que eso, es arreglar lo que arruinamos, pegar lo que rompimos y ordenar lo que desordenamos.
Vos llegaste al lugar y molestaste a muchos de nosotros. Lo único que se te ocurrió, fue disculparte y seguir tu camino. Creo que hay algo más que debes hacer por tus hermanos, los animales, de este lugar.
La patita se puso seria, tomó aire y con el tenedor del almuerzo, tejió las telas de araña que había roto, con la cuchara del postre, ayudó a reconstruir los hormigueros derrumbados, y se fue a la laguna, atrapó dentro del salero medio kilo de mosquitos, y se los regaló a la familia de sapos, para tratar de reparar el mal rato que les había hecho pasar, poniéndoles el mantel en la puerta de entrada de su pocito.
Los animales se alegraron y ¿saben qué? Alicia se sintió aliviada y feliz.
Lorena Piñeiro

Actividad para trabajar con los chicos… Manos a la obra:

Ordená la secuencia

  1. La patita se va de picnic
  2. Alicia teje las telas de araña destruidas
  3. Le sacan las pilas de su grabador en señal de protesta
  4. Sale del corral poniendo en peligro al resto de los patos
  5. Pide disculpas, se sonríe y sigue su camino
  6. La lechuza le pide que arregle lo que arruinó
  7. Alicia repara el daño y se siente feliz

El vendedor de pociones

Cuentan que una vez, un viajero, llegó desde una tierra lejana, a un pequeño pueblo.
Era un hombre joven, fuerte, de barba oscura y tupida, con ojos profundos y negros. Vestía turbante y túnica blanca. Era comerciante y vivía yendo de pueblo en pueblo vendiendo brebajes.
Llegó de madrugada, colocó una tela en el piso y sobre ella, ubicó varias docenas de frascos.
La gente curiosa, se fue acercando a medida que se asomaba el sol.
Sus pócimas estaban embotelladas en finos envases que deslumbraban con la luz del sol.
La curiosidad de la gente aumentó, cuando comenzaron a leer las etiquetas de los brebajes que vendía.
“Sinceridad total” “Amor eterno” “Simpatía sin enojos” “Alegría duradera” “Unión por siempre”…
Hasta ahí sólo sintieron curiosidad. Pero el asombro llegó con la segunda fila de perfumes: “Odio mortal” “Venganza sin piedad” “Mentiras piadosas” “Engaño sin condición”
El hombre decía que con sólo beber dos gotas en ayunas, la esencia comenzaría a actuar.
Multitudes de personas se empujaban con el dinero en la mano esperando recibir a cambio el frasco que buscaban.
Los novios, pidieron el de “Amor eterno”. Un hombre alto y panzón, y de cara de enojo, se llevó el de “Odio mortal”. Un vendedor de camellos, fue por la noche y sin que nadie lo viera, se llevó “Engaño sin condición”, para que lo ayudara en sus negocios.
Y así, a plena luz del día, o en la noche más cerrada, todos los pobladores tuvieron en sus casas el frasco que habían elegido.
“Estás un poco más vieja pero cuánto más delgada, Margarita”- decía la vecina que había tomado el brebaje de la “sinceridad total” ante el asombro de su ofendida vecina.
“Este camello tiene solo tres años, llévelo. Me lo vendió un rey árabe” –aseguraba el comerciante que se desayunaba con  “Engaño sin condición”
Los novios a la semana de probar “Amor eterno”, se casaron.
El dueño de la posada, luego de dos semanas de despertarse con “Alegría duradera”, organizó una fiesta para todos los habitantes del lugar.
Una mañana sin previo aviso, el comerciante dejó el pueblo.
Nadie lo notó, ya que todos estaban muy ocupados en sus asuntos.
Dos meses más tarde, el viajero regresó.
La gente lo esperaba ansiosa con sus botellas vacías para que el hombre se las llenara con tan maravillosas esencias.
Nuevamente el joven del turbante estiró la tela en el suelo, y en lugar de muchas filas de botellas, sacó una grande, rosada, de cuello largo y abombada en la base. Era de vidrio labrado, que también brillaba con los reflejos del sol.
Comenzó a recibir las botellas de a una, y sin mirar la etiqueta con el nombre del elixir, las llenó con el líquido que contenía la botella.
Las personas estaban desconcertadas. Había llenado con el mismo líquido, el frasco de “Sinceridad total” que el de “Odio mortal”. Llenó hasta arriba el frasco de “Alegría duradera” y al instante volcaba el mismo líquido en el frasco de “Venganza Ciega”.
La gente empezó a quejarse, y a gritarle. A pedirle que le devolviera el dinero, que era un estafador. Que le exigían que les vendiera los brebajes que ellos le pedían.
El hombre los miró. Esperó que se callaran y habló así.
- La primera vez que vine a este pueblo, mis botellas estaban llenas de este mismo líquido.
Es la savia de un antiguo árbol llamado “cuariguá”, que en mi lengua significa, “Corazón”. Mezclado con agua de manantial. Tiene un sabor suave, y dulzón.
- Pero, ¿Quiere decirnos que en lugar de la verdadera poción que pedimos, estuvimos bebiendo savia de un raro árbol con agua?- protestó la vecina que bebía sinceridad.
- Sí, respondió el comerciante.
- ¿Me quiere explicar entonces, cómo hicimos mi hermana y yo que estamos peleadas hace veinte años para reconciliarnos, si no hubiese tomado yo del frasquito de “perdón”?
- ¿Y cómo explica que mis ventas subieron… si yo bebí el de “Enga…” digo, el de “honestidad”? - apuró a corregirse, el mentiroso comerciante de camellos.
El joven del turbante tomó la palabra y dijo: Un maestro muy sabio me explicó una vez, que no es malo lo que entra en el corazón del hombre, sino lo que sale de él.
Ustedes bebieron savia con agua, y actuaron según lo que había en el corazón de cada uno.
Todos se miraron en silencio, y cada uno se fue a su casa.

Lorena Piñeiro, del libro Preparamos los remos 3 ed. San Pablo, CLaretiana y Gram.

Propuesta:

El vendedor de pociones:
Jesús desde su palabra nos dice: no es malo lo que entra en el corazón del hombre, sino lo que sale de él.
(Mt. 15, 10-11. 17-19)
Jesús nos invita desde nuestra libertad de hijos de DIos, a expresarnos, movernos y pensar del modo que dicte nuestro corazón.
Pero ¿Qué pasa cuando en él habitan egoísmos, envidias, enojos, rencores y mezquindades?
Este cuento nos invita a pensar:
¿Qué sentimientos y valores habitan mi corazón?
¿Cuáles son los motores que conducen mi actuar?
¿Cuántas veces culpamos a los otros de pobrezas, que en realidad laten en nuestro interior?
¿Cuál es la poción que elegiría beber, para actuar frente a mis hermanos, en mi casa, en mi trabajo y frente a Dios?
Frente a mi ser catequista hoy: ¿Cuáles son las cualidades que me habitan?
¿Qué palabras, o gestos deseo abandonar, poner a los pies de Jesús, para que Él desde su Resurrección los haga nuevos, mejores y listos para ser compartidos?
Oración: "Quiera DIos que mi boca hable, del Dios que en mi corazón habita"
 
Para trabajar con los chicos:
1 Recapitular el cuento narrándolo entre todos, para comprobar la comprensión del mismo.
2¿Qué enseñanza le deja al pueblo, el vendedor de pociones?
3 Buscar en el Evangelio, la cita a la que el vendedor hace referencia.
4 Dibujar o nombrar situaciones, en las que pareciera, me hubiera desayunado con alguno de los frascos equivocados.
Por ejemplo: muchas veces me comporté como si hubiese bebido el frasco de "mentiras piadosas" porque...
Desde hoy deseo beber..." verdad total, aunque me reten" ( a modo de ejemplo para guiar el trabajo)
5 pegar fotos de diarios y revistas donde aparecen gestos propios de un buen amigo de Jesús y de otros gestos que no lo son.
otra opción: entregarles un corazón de cartulina y que ellos peguen de diarios y revistas o bien escriban dentro del corazón, qué gestos y actitudes deben habitar mi corazón para que haya lugar para Jesús en él.
Para finalizar: escribirle una carta a Jesús amigo, contándole cuáles son las actitudes que tenemos que no nos gustan, que lastiman a los demás, y que deseamos cambiar. Se la regalamos en forma de oración porque los queremos mucho.

 

 
Había una vez un sueño...
Su nombre no importa...

Una vez en el lugar más hermoso del universo, vivía un niño llamado SUEÑO, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.
SUEÑO se la pasaba por allá, en lo alto, por las nubes, jugando y jugando todo el día.
Pero una vez, se dio cuenta que no crecía como crecían sus amigos, además empezaba a sentirse más débil, y porco a poco perdió sus ganas de jugar.
Un gran día llegó un mensajero que llevaba consigo un maletín muy especial que contenía elementos para así fortalecer y hacer crecer a Sueño.
Desde el mismo instante en que aquel mensajero llegó, Sueño empezó a sentirse mejor y mejor, ya que cada día aquel mensajero lo alimentaba con aquellos majares. Muchas cucharadas de constancia con fuerza, platos muy nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, fantásticos jugos hechos con decisión, y lo más importante tratándolo con mucha confianza.
Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño para convertirse en META, y claro que siguió jugando pero ya no por las nubes, sino aquí en la tierra. Cada vez más conoció toros mundos, mundos como la felicidad y la satisfacción.
Y un día, no muy lejano, Meta dejó de ser Meta, y se transformó en REALIDAD.

Cuenta la leyenda que a un angelito que estaba en el cielo le tocó el turno de nacer como niño, y le dijo un día a Dios:
Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra, pero ¿cómo vivir tan pequeño e indefenso como soy?
Entre muchos ángeles escogí uno para ti, que te está esperando allá en la tierra y te cuidará.
Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, ¿eso basta para ser feliz?.
Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los dos y tú sentirás su amor y serás feliz.
Pero, ¿cómo entender lo que la gente habla si no conozco ese extraño idioma que hablan los hombres?
Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
Tu ángel juntará tus manitos y te enseñará a orar y podrás hablarme.
He oído que en la tierra hay hombres malos, ¿quién me defenderá?
Tu ángel te defenderá a costa de su propia vida.
Pero estaré triste porque no te veré más.
Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado en ese instante.
Una gran paz reinaba en el cielo, pero ya se oían voces terrestres y el niño presuroso repetía con lágrimas en los ojitos sollozando:
Dios mío, si ya me voy, dime su nombre... ¿Cómo se llama mi ángel?
Su nombre no importa, ...tú le dirás MAMÁ.

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