
LA VOZ DE DIOS
TEMAS POSIBLES: ideales, incomprensión,
oración, fe, Dios
Cada vez que había
tormenta y rugía el trueno en el cielo, los habitantes de aquel nuevo
oasis se postraban en tierra y adoraban a Dios, llenos de temor, porque decían
escuchar su voz potente y temer su mano dura.
El caminante
llegó a ellos una tarde de negros nubarrones, pero ni se doblegó
ni se hincaron sus rodillas en la arena, ni se alzaron sus manos suplicantes,
ni el temor se asomó en su rostro curtido.
Cuando pasaron
las nubes, sin dejar caer ni una sola gota de agua, algunos le dijeron:
- ¡insensato!,
¿es que no temes a Dios? ¿Acaso no escuchaste su voz?
El caminante,
que no salía de su asombro respondió:
- ¡Yo
nunca he escuchado la voz de Dios! ¿Acaso ustedes la han oído?
Un silencio
marcó la sorpresa de aquellos hombres del oasis. El caminante siguió,
sin darles tiempo a responder:
- Si han
escuchado la voz de Dios, díganme qué les ha dicho.
Entonces, lentamente y avergonzados, comenzaron a hablar:
- Dios me
ha dicho que rompa mi avaricia, porque los avaros mueren a dientes de los chacales...
- A mí
-dijo un segundo- me ha hablado de la honradez, porque los ladrones mueren ahogados
en sus riquezas robadas.
A mí
me ha recordado que la lepra es el castigo de los impuros...
Y así,
uno tras otro, fueron manifestando lo que habían escuchado al Dios que
tronaba desde lo alto.
El caminante,
después de escucharles pacientemente, respondió:
- Ustedes
no han escuchado a Dios, tan sólo a ustedes mismos.
Hubo un murmullo de indignación. Levantando la voz, prosiguió:
- Ustedes
llaman voz de Dios a la distancia que hay entre lo que en realidad son y lo
que quisieran ser. El Dios que les habla desde el trueno no existe. Quienes
existen son ustedes, asustados y temerosos de reconocerse tal como son.
Aquellos
hombres, después de escuchar estas palabras, entendieron lo suficiente
para arrojar al caminante al desierto sin comida y sin agua. Allí moriría
de hambre y sed por ateo y blasfemo...
Abrumado,
caminó por el desierto varios días, dejando tras de sí
huellas de muerte.
De pronto
el cielo se cubrió de nubes. Sopló el viento a la par que se escuchaba
el trueno redondo, profundo y potente... y llovió abundantemente.
Las laderas
resecas se llenaron de impetuosos torrentes. Todo fue muy fugaz, como una tormenta
en el desierto, pero el caminante encontró agua suficiente para hacer
provisión y emprender viaje hacia el oasis que le había obligado
a partir hacia la muerte.
Cuando llegó,
se arrodilló ante aquellos hombres y les pidió que le acompañaran
en la oración al Dios que desde el trueno le había devuelto la
vida...
... Pero
nadie le acompañó.
Todos habían
dejado de creer en el mismo momento en que vieron que el caminante no había
sido castigado desde lo alto por su falta de fe.
José J. GOMEZ PALACIOS
PROPUESTA DE ACTIVIDADES
· ¿Qué ayuda a creer y qué aleja
de la fe?
· Hacer un cartel con las características de una fe madura.
· Resumir, para un niño, lo fundamental de la fe.
· Invitar a alguien del grupo que dé testimonio de su fe. Preguntas-respuestas.
· Simular un diálogo entre un creyente y un ateo.
· Escribir un credo personal
· Recopilar textos del Evangelio que hablen de la fe. Reflexionar.
Alfonso Francia ( Educar con Parábolas)
- Editorial CCS/Madrid