La multiplicación de los panes


Salimos rumbo al campamento, nuestro guía nos daba las instrucciones, acomodándonos uno por uno en el micro que nos esperaba en la puerta del club desde hacia mas de dos horas. Nos habíamos retrasado; como siempre algo no salía como esperábamos a pesar de que veníamos organizando el campamento desde principio de mes y solo para irnos dos dios a las sierras.
Partimos pese a las dificultades en medio de corridas, tensiones, cantos, caras disgustadas y un fuerte "ALLÁ VAMOS" cuando el micro se puso en marcho.
Al viaje, por supuesto, no le faltaron condimentos: pinchadura de una goma, fuertes lluvias, aire acondicionado sin funcionar; pero el espíritu aventurero de cada uno, las ganas de conocer, descubrir, crecer, encontrarnos, cambiar la vida agitada de la cuidad que nos llena a diario con cosas materiales, nos daba la fuerza para tomarnos con optimismo todo lo que nos pasaba. Después de todo estábamos de vacaciones.
Desde luego llegamos al lugar de nochecita, se nos vino la noche armando las carpas. Estábamos cansados, pero no tanto como para hacer todos los preparativos para el fogón de la madrugada.
Nuestro guía iba y venía junto a los coordinadores preparando, buscando; se los notaba nerviosos y discutiendo entre ellos.
Ya con todo ordenado, a la mayoría se nos había despertado las ganas de comer, el estómago lo demandaba y la cena no llegaba nunca.
El guía y los coordinadores se encargaban de la comida de la primera y única noche.
Finalmente el fogón estuvo listo, nos sentamos alrededor, ¡qué felices estábamos!
El guía nos dio la bienvenida y luego de un largo sermón sobre la convivencia, el compañerismo y la supervivencia nos dio la noticia de que en los apuros de la salida habían quedado en el club las cajas con los alimentos, las ollas y los cubiertos, en definitiva con lo único que contábamos era con los bidones de agua y una bolsa de pan. Creo que la primera impresión de cada uno fue como tirarnos un balde de agua fría, nuestro campamento parecía un fracaso, todas las ilusiones, nuestros ahorros, pasaron por nuestra mente como una película en cámara lenta y de golpe se detuvo , la mayoría se levantó, caminó hacia sus carpas y volvió con las manos ocupados por lo que algunos habían traído.
Se produjo el gran Milagro, de pronto el agua se convirtió en jugo y los panes estaban tan ricos que no quedó nada, todo se multiplicó, comimos hasta cansarnos, galletitas, papas fritas, chocolates, alfajores, té, y café.
El desaliento que habíamos sentido en un momento solo fue eso, un momento, porque con la solidaridad de todos pudimos salir adelante y aprendimos que cuando hay unión, compañerismo, y especialmente el egoísmo se deja de lado se produce un Milagro, algo que nos parecía imposible.

Viviana Gentile
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