EL IMPUESTO PARA EL CESÁR

(Mc. 12, 13-17)

Había una vez, hace muchos años, en una región llamada César, un rey muy exitoso, querido por su pueblo.
Se preocupaba por proteger sus tierras del enemigo y por tener en su reino las construcciones más lujosas; por ello le pedía a su pueblo el pago de un impuesto.
El impuesto era alto, pero la gente lo pagaba contenta porque César era la región más bonita y la envidia de muchos reinos vecinos. Durante muchos años César fue creciendo, gracias al impuesto y se hizo muy poderosa. Sus habitantes cada día tuvieron que trabajar mucho más para cumplir con el impuesto que se hacia muy difícil de pagar.
El rey que años antes, había sido muy bueno cada dio se hizo más ambicioso, ya no pensaba en su pueblo, sino en sí MISMO.
La gente comenzó a mirarlo con desagrado y al rey cada dio le resultaba más difícil cobrar los impuestos.
Llegó al reino una familia muy humilde y amistosa, venían desde muy lejos. Pronto se hicieron muy conocidos en el reino, porque eran buenos vecinos dispuestos a abrir las puertas de su pequeño hogar a todo el vecindario. Eran muy pobres pero nunca dejaron de dar una mano a quién lo necesitara y nunca dejaron de pagarle al rey los impuestos.
Un día golpearon a las puertas de su casa un grupo numeroso de vecinos, bastante enojados, porque se habían enterado de que este buen y pobre vecino le pagaba al rey el impuesto, pese a que a veces ni siquiera tenia para comer y ente la sorpresa de los vecinos este respondió:
- Ustedes saben que cuando llegué a "César" con mi familia, lo hacía en busca de trabajo con que mantener mi hogar, ustedes fueron muy buenos y en todo momento me ayudaron, les estoy agradecido; por eso mismo ya que ustedes me ayudaron y esta tierra" César" me recibió, es que con mi familia creemos que debemos darle a César lo que es de César, es decir, el impuesto y a ustedes que son mis amigos, lo que Dios nos enseñó, que solo puede verse cuando entregamos no un impuesto sino nuestro corazón.

Viviana Gentile
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