¡Bienaventurados los catequistas escolares
que pueden ser oído comprensivo
de las inquietudes vitales de sus alumnos,
manteniendo el equilibrio y la coherencia
que el ser adultos
que acompañan
en el proceso de crecimiento en la fe requieren!.
Porque de ellos es la responsabilidad de que su asignatura
no sea mal llamada “la hora libre”,
”la hora para pasar el tiempo hablando de cualquier cosa”,
por aquellos que no saben que
la catequesis inspirada radicalmente
en la pedagogía de Dios
“se enraiza en la relación interpersonal
y hace suyo el proceso del diálogo”
(DCG 143)