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ENADIR 2003
(Encuentro Nacional de Directores de
Juntas Catequísticas)
Comisión 1:
El catequista en la especificidad de la catequesis
Texto Principal: Pensar catequísticamente
1. Catequesis y catequética
Para ejercer la catequesis y para formar
a catequistas hace falta "pensar catequística mente". El catequista
aborda de una manera específica los asuntos teológicos y pedagógicos
que ocupan el pensamiento de la Iglesia. Esta manera particular de elaborar
la reflexión sobre la misión de la Iglesia puede ser una actitud
espontánea o un don o carisma del Espíritu Santo. En el corazón
del catequista existe una inclinación, fruto de ese mismo Espíritu,
para ordenar sus ideas, sus actitudes y sus actividades, de acuerdo a la tarea
propia de la catequesis. Este don o carisma distingue al que tiene vocación
de catequista. La intuición acerca de lo que es necesario para impartir
una auténtica catequesis es siempre, en último término,
un don gratuito. Pero esto no quiere decir que no se pueda adquirir o mejorar
por medio de un cuidadoso estudio y una aplicación esmerada. La catequesis
es simultáneamente un arte y un oficio. La práctica constante,
la confrontación con la experiencia de otro, el estudio sistemático,
pueden ayudar al catequista a mejorar su "saber hacer" catequístico.
El pensar catequísticamente no es sólo una actitud espontánea
o carismática si no que es también fruto de un estudio sistemático.
Para esto existe la catequética. Teniendo como sostén el carisma
del Espíritu Santo, la catequética se dedica a estudiar con rigor
científico el mensaje cristiano en el acto de ser transmitido y asimilado
dentro de las circunstancias históricas y culturales en general y en
particular.
En el lenguaje cotidiano hablamos frecuentemente de catequistas, de catequesis,
de catequizandos, de catecismos, de asuntos catequísticos. Estos términos
se refieren a la catequesis en cuánto tarea concreta que se lleva a cabo
en el marco de la misión de la Iglesia. Menos frecuentemente usamos los
términos catequética o catequeta. Estos últimos vocablos
se refieren a algo muy relacionado con la catequesis pero al mismo tiempo diferente.
La catequética es el estudio científico de la catequesis. El catequeta
toma distancia del quehacer catequístico para examinar, criticar, aprobar
y mejorar la tarea catequística que cumple la Iglesia.
La catequética hace un paso al costado y mira críticamente la
catequesis en acto para comprenderla, aprobarla y mejorarla. La catequética
es catequesis reflexionada y ayuda a la catequesis a encontrar su identidad
y sus leyes internas de acuerdo a todas las disciplinas teológicas y
las ciencias humanas. Por eso el catequeta se diferencia del catequista porque
aquel, reflexiona críticamente sobre la catequesis y ayuda al catequista
a asumir con mayor autenticidad su tarea.
2. La catequesis en la misión de la Iglesia
La catequesis es una acción inherente
a la esencia de la Iglesia. Esta no sería lo que debe ser si no hiciera
catequesis, igual que si no celebrara los sacramentos o no practicara el amor
de Dios y del prójimo. La catequesis no es una función circunstancia
de la Iglesia como lo pueden ser muchas instituciones o devociones. La catequesis
existe anteriormente a la catequética, porque pertenece a la misma vida
de la comunidad cristiana.
La Iglesia tiene una triple misión: la profética, la sacerdotal
y la real. La profética es el servicio de la Palabra y la Iglesia la
ejerce por medio de la predicación misionera, de la catequesis, de la
homilía y de la reflexión teológica, bajo la autoridad
del Magisterio del Papa y de los Obispos. Este servicio de la Palabra es considerado
como primordial porque tiene que suscitar y acrecentar la fe que es la base
de toda la vida de la comunidad cristiana. Por eso la catequesis constituye
de alguna manera una función esencial de la Iglesia. Esta ha recibido
el don del Espíritu Santo para proclamar la Palabra de Dios.
La catequesis y la catequética parten ambas de la intuición original
de la iglesia que educa la fe con la ayuda del Espíritu Santo. La catequética,
con la ayuda del mismo Espíritu Santo, recurre además a la ciencia
y al análisis para ayudar a los catequistas en su tarea de educar la
fe. Les señala cuál es el camino más seguro por dónde
conducir a sus catequizandos a fin de lograr su objetivo. Respetando siempre
la intuición, el arte y el carisma que implica la tarea catequística,
la catequética tiene que elaborar científica y sistemática
mente el pensar catequístico como ayuda a la catequesis.
La catequesis propiamente dicha es un "acontecer" eclesial e histórico.
Con Pablo VI podemos decir que la catequesis es un "arte superior".
Para llevarla a cabo se cuenta con la vocación y la inspiración
del catequista y se privilegia en cierto modo las intenciones, las reacciones
inmediatas y la capacidad del catequista. El arte de la catequesis engloba innumerables
aspectos, tiene que tener en cuenta infinidad de elementos objetivos y subjetivos,
y tomar decisiones prácticas que siempre son revisables y que pueden
ser diferentes y variables. La catequesis es un acontecer único que consiste
en el acto del hablar de Dios a una persona o un grupo determinado y al mismo
tiempo del escuchar a Dios de esta misma persona o grupo. Es de alguna manera
la Revelación en acto en un momento y lugar concreto.
3. Catequesis y teología
Catequesis y teología pertenecen
ambas a la misión profética de la Iglesia. Tanto el catequista
como el teólogo tienen la misión de explicitar y actualizar para
los hombres la Palabra de Dios. Ambas tienen en común el servicio de
la Palabra. Sin embargo, no son idénticas y la confusión entre
las dos puede causar grandes perjuicios, sobre todo en el terreno de la catequesis.
Dicha en pocas palabras, la diferencia está en que la catequesis educa
la fe de una persona o de un grupo concreto y que la teología sistematiza
y estudia científicamente el dato revelado.
La catequesis se caracteriza por ser un camino hacia la fe y la teología
por ser una reflexión dentro y desde la fe. La catequesis es un proceso
de maduración en la fe que todos tenemos que recorrer y que no termina
sino en el último aliento. Es la profundización y la actualización
constante, dentro de la historia de nuestra vida, de nuestra relación
con Dios. Aún el teólogo, ayudado en parte por su tarea teológica
y en otra parte por los elementos propios de la catequesis, tiene que ser catequizado
constantemente. Desde el Papa hasta el menor de los fieles somos sujetos de
catequesis, que nos hace discípulos de Jesucristo.
El catequista piensa el mensaje en función del crecimiento de la fe de
sus catequizandos. El teólogo reflexiona el mensaje más bien en
función del mensaje mismo. Su reflexión no está al servicio
de la fe de un grupo determinado sino al servicio de toda la misión de
la Iglesia en sus varios aspectos. La teología sistematiza y conecta
el saber de la fe con el saber de la experiencia histórica del hombre
y elabora una síntesis entre distintos aspectos del saber de la fe. La
elaboración de esta síntesis incluye frecuentemente momentos de
investigación gratuita, que como toda investigación científica,
incluye etapas que no tienen el objetivo claro y distinto pero que, con el tiempo,
pueden ser muy fructíferas como hipótesis.
Por todo esto, la teología nunca sustituye a la catequesis. En ciertas
épocas de la historia de la Iglesia se ha pretendido hacer de la catequesis
el aprendizaje de fórmulas teológicas. La corriente teológica
neo escolástica declaraba sin atenuantes que las fórmulas dogmáticas
de la doctrina teológica eran la misma revelación. De este modo
se pensó que la catequesis consistía en la adaptación y
el aprendizaje de fórmulas teológicas, tanto más resumidas
cuanto más pequeños eran los alumnos. De esta manera se hace un
gran daño a la catequesis porque se eliminan las otras mediaciones. También
se perjudica la misma teología porque se la reduce a la elaboración
de fórmulas cuando, en realidad, tiene que abarcar un amplio espectro
de reflexión.
Pero, establecido que no se puede confundir la catequesis con enseñanza
teológica, queda por definir cuáles son las relaciones entre ambas.
En primer lugar, nos preguntamos qué aporta la teología a la catequesis.
El primer aporte de la teología a la catequesis consiste en elaborar
la identidad, la fisonomía y la función propia de la catequesis
y del catequista en el conjunto de la misión de la Iglesia. La teología
como ciencia sistemática de la doctrina de la fe ubica a la catequesis
y sus distintas formas en el gran concierto de la actividad múltiple
de la Iglesia y su relación con las demás actividades. El segundo
aporte consiste en la jerarquización y la formulación actualizada
de la doctrina de la fe. La jerarquización de las verdades ayuda a la
catequesis a centrar su enseñanza siempre en lo esencial y también
a relacionar lo secundario con lo más importante de donde saca su fuerza
y su fundamento. La catequesis abarca siempre un momento doctrinal en el que
se ofrece a la inteligencia de los creyentes una expresión nocional del
aspecto de la doctrina que se le propone. La teología puede ayudar mucho
a actualizar estas formulaciones y adaptarlas a las distintas culturas. El tercer
aporte que puede brindar la teología a la catequesis es el de abrir distintos
enfoques teológicos para que el catequista pueda elegir entre ellos a
fin de adaptarse a las posibilidades y las exigencias de sus catequizandos.
4. La catequética es teología
En estos aportes estriba la definición
de la catequética como una rama de la teología con pleno derecho.
Desde el siglo XVII la catequética empezó a desarrollarse sistemática
mente y fue reconocida como parte de la teología práctica o pastoral.
Recién en los últimos decenios se empezó a desarrollar
y a reconocer como una rama de la teología en el pleno sentido de la
palabra.
La catequética es, en parte, teología fundamental porque estudia
la revelación de Dios y su comunicación con los hombres, con los
métodos y el rigor científico de toda la teología. El lugar
teológico específico es la catequesis donde se produce concretamente
esta comunicación. La catequética es también teología
histórica. Estudia dentro de la historia las varias instituciones de
transmisión a fin de distinguir entre las que son de validez permanente
y las que son propias a una determinada situación cultural. Señala
también críticamente la diferencia entre aquellas tradiciones
que coinciden con la auténtica tradición de la iglesia y aquellas
que reflejan una situación de crisis o de decaimiento. La catequética
es también teología práctica o pastoral. Reflexiona sobre
la manera concreta en el aquí y ahora del tiempo presente. Cumpliendo
con esta tarea elabora hipótesis de acción para el quehacer catequístico
de acuerdo a todas las exigencias M ser y de la misión de la Iglesia
y de las circunstancias históricas.
Formando parte de las disciplinas teológicas la catequética ayuda a las demás disciplinas a prestar atención a las dificultades y problemas de comunicación que plantea el mundo concreto. De otra manera la teología corre el riesgo de alejarse de las preocupaciones y tareas de los hombres. La catequética a su vez aprovecha todas las investigaciones que hace la teología en sus distintas disciplinas. Así mismo la catequesis necesita la ayuda de las ciencias humanas, especialmente las que se refieren a la comunicación. Todo esto demuestra que el campo de estudio de la catequética es sumamente amplio y que, como teología práctica, se interesa por todos los resultados de las ciencias teológicas y humanas. Esta amplitud es una especie de dificultad para la catequética pero nos demuestra que el acto de la proclamación de la Palabra supera siempre su estudio en profundidad y en vitalidad. A pesar de su necesidad y de su rigor científico la catequética sigue siempre al servicio de la catequesis, porque en ésta se produce en misterio el encuentro entre Di os y los hombres.
5. Pensar como catequistas
Siendo la catequesis una misión de
la Iglesia está toda ella orientada hacia el logro M objetivo. La catequética
como teología práctica está orientada hacia el mismo fin.
De este fin u objetivo depende el método que emplean la una y la otra.
Al investigar las ciencias humanas y teológicas en función del
objetivo de la catequesis, la catequética estudia formalmente los medios
que hay que poner en práctica para lograr este fin. Para determinar cuáles
son los principales ejes de la reflexión catequética, debemos
analizar el objetivo o fin de la catequesis en sus distintos aspectos.
a) El fin de la catequesis puede ser considerado desde tres puntos de vista.
El primero es el de la palabra de Dios. La catequesis tiene como objetivo "hacer
resonar la Palabra de Dios". El Congreso Internacional de Catequesis de
Sevilla (1992) señala que la catequesis necesita más teología
de la Palabra (Actas del Congreso Internacional de Catequesis, pág. 547).
Sólo podemos mencionar al respecto algunos puntos. "la Palabra de
Dios" es una expresión análoga: la mejor manera o imagen
con la que podemos describir la comunicación de Dios con los hombres
consiste en compararla con la palabra. Dios no "habla" como los hombres
pero su comunicación con ellos no puede ser mejor significada que por
la Palabra. "Hacer oír a los hombres la Palabra de Dios" es
el primer aspecto del objeto formal de la catequesis.
La Palabra de Dios es una palabra interior. Sin embargo, adaptándose
a los hombres, Dios se comunica por medio de signos externos. Estos signos no
constituyen formalmente la Palabra de Dios a pesar de que la llamemos así.
De hecho son "mediaciones" de la Palabra de Dios que sólo por
una conjugación armónica son capaces de hacer oír la comunicación
interior que Dios establece con los hombres. Si las aislamos y le damos un valor
absoluto podemos caer en una u otra forma de fundamentalismo. De esto concluimos
que la catequética estudia y ayuda a estudiar las mediaciones, no en
función de ellas mismas sino en función de la ayuda que pueden
prestar en la comunicación entre Dios y los hombres. Sólo en relación
estrecha con las demás mediaciones pueden ser signos de esta comunicación.
Este punto de vista nos puede ayudar a "pensar" la Biblia, la Teología,
la Liturgia y la Vida de la iglesia, dentro de la función exacta que
cumple cada una de ellas en la catequesis como transmisora de la Palabra de
Dios.
b) El segundo punto de vista bajo el cual
puede ser considerado el fin de la catequesis es el de "educar la fe del
hombre". La catequesis tiene como objetivo "hacer crecer" sistemática
mente la fe de los creyentes. La catequesis está en función de
la fe viva tal como se halla en la persona concreta y sus situaciones. En su
mensaje al Pueblo de Dios el Sínodo del '77 señala lo siguiente:
"... En cada caso se hace necesario acudir a unos criterios que permiten
discernir cuando un lenguaje concreto es verdaderamente catequístico.
Una enseñanza cualquiera, incluso la de contenido religioso, no es sin
más catequesis eclesial. En cambio, cualquier palabra que llegue al hombre
en su situación concreta y lo impulse a encaminarse hacia Cristo puede
ser realmente una palabra catecumenal..." (Nº 8)
La catequesis parte de una fe situada en un lugar y en un tiempo específicos.
Por lo tanto el conocimiento de esta situación concreta entra de lleno
en el quehacer de la educación de la fe, ya que la fe no puede crecer
si no está enraizada en una situación concreta. El contenido de
la catequesis abarca las situaciones históricas y las aspiraciones humanas
(cf. Medellín VIII 6), sin desvirtuar el sentido propio del Evangelio
el catequista debe anunciarlo para unos hombres concretos y vivientes. Debe
responder a sus interrogantes, alentar sus esperanzas y fortalecer su fe auténtica.
Y sin hacer menoscabo de la sistematización del contenido de la fe, el
catequista anunciará el Evangelio en función de unas posibilidades
concretas de crecimiento en la comunicación con Dios.
c) El tercer punto de vista respecto al fin de la catequesis es el "testimonio
dado por el catequista y por la comunidad". El catequista no es dueño
de la respuesta libre de sus catequizandos. Por eso el objetivo o el éxito
nunca es el resultado obligado de una cuenta matemática. El catequizando
responde libremente. A lo mejor responde con un "No" cuando el catequista
esperaba un "Si". 0 el catequizando elige su propio camino, no previsto
por el catequista. La tarea del catequista consiste en darle la posibilidad
y la oportunidad para conocer el amor del Padre. Por medio de la .palabra, la
memoria y el testimonio, el catequista debe abrir caminos y debe ayudar a la
comunidad toda, a manifestar la luz de Cristo (cf. DCG nº 35).
6. Valoración de la catequética
La catequética en general no
es suficientemente valorada en los ambientes eclesiásticos. En el esquema
actual de la teología no es fácil darle su justo lugar y su valor
exacto a la teología pastoral. Se la trata frecuentemente como un apéndice
de la teología dogmática y como reflejo de experiencias individuales
y particulares. En los esquemas de estudio de formación teológica,
la teología pastoral o práctica resulta mayormente desfavorecida
y, a veces, relegada a un resumen francamente insuficiente y a una enumeración
de "consejos prácticos" con valor desigual y sin fundamentación
seria. Bien podría pensarse en una teología que parta del actuar
concreto de la Iglesia en el mundo. Sería por lo menos igualmente valedera
una reflexión teológica a partir de la misión específica
que cumple determinado grupo de agentes de pastoral en la Iglesia. Así
se podría pensar en una estructuración distinta de los estudios
sacerdotales que no sea la de los teólogos. La preparación de
los diáconos permanentes podría ser elaborada a partir de sus
propios quehaceres. Lo mismo podemos decir de los catequistas.
Cabe señalar que la catequética no puede ni debe convertirse en
un recetario para el catequista. La catequética es fundamentalmente la
formación del catequista. Todo lo que pueden preparar los catequetas
en cuanto a manuales o guías para el catequista son sólo hipótesis
de trabajo. El que elabora la catequesis en el hecho mismo del encuentro es
el catequista. Es el catequista el que tiene que tener una formación
doctrinal adecuada y una visión suficientemente amplia sobre la situación
histórica y cultural del grupo al que catequiza. Por eso la catequética
apunta más que nada a la formación de catequistas que sean capaces
de "encontrar en la confrontación de grupos y personas, en situaciones
que son siempre peculiares, el modo más válido para transmitir
el mensaje evangélico" (DCG 111). Esto implica que la formación
catequística e incluso la labor de catequetas no se puede hacer sin un
contacto directo con la tarea catequística concreta. La catequética
reflexiona sobre los problemas que plantea la transmisión de la fe desde
y en la práctica del ministerio catequístico. (de
Vos, Frans, Pensar la catequesis, Cap. 1, Claretiana, 2000 )
Otros textos: ESPIRITUALIDAD DE LA ACTIVIDAD DEL CATEQUISTA
Cuando se habla de la espiritualidad del catequista,
lamentablemente suele decirse lo mismo que podría afirmarse de un sacerdote,
una religiosa, o un monje. Se dice, por ejemplo, que la espiritualidad del catequista
está integrada por la oración personal, la lectura de la Biblia,
la Eucaristía, y suele agregarse la Liturgia de las Horas. Pero entonces
no se habla de una espiritualidad específica del catequista, ni siquiera
de una espiritualidad, sino sólo de algunos medios de espiritualidad
comunes a todos los cristianos.
La espiritualidad que caracteriza a un catequista, como cualquier otra espiritualidad
cristiana, está marcada por las notas propias de su misión. No
se trata de espacios de espiritualidad vividos al margen de esa misión,
como si uno hiciera un paréntesis íntimo para dedicarse a Dios
y como si la tarea catequística no fuera "espiritual".
La propia misión no es un apéndice o una pat1e de la propia existencia.
La misión marca a fondo la vida y la identidad, de tal manera que uno
se entiende a sí mismo como transformado por esa misión. El nombre
de "Jesús", que significa "Dios salva", quiere decir
que Jesús estaba completamente marcado por su misión de salvador.
Lo mismo debería suceder con un catequista de alma. Un buen catequista
se identifica de tal modo con su misión que podría agregarla a
su nombre: "Marta Catequista López", "Francisco Catequista
Bosch".
De este modo comprendemos que la espiritualidad también debe estar marcada
por la misión catequística. El catequista está llamado
a vivir una profundidad espiritual en su propia misión. Si esto es así,
cuando el catequista tiene un momento de contemplación en la oración,
eso que contempla permanece en su corazón cuando va a dar catequesis,
y lo vive en la misma actividad catequística.
Es más, eso que se contempla en la oración se hace más
maduro cuando pasa a la acción y se comunica a otros. En la comunicación,
lo que uno ha contemplado se enriquece, se expresa, se aplica, se profundiza,
se proyecta y crece en el ejercicio del ministerio catequístico.
Como consecuencia, cuando el catequista termina un encuentro catequístico
y vuelve a tener un momento de recogimiento, ese encuentro solitario con Dios
será más rico que el anterior, porque ahora estará cargado
con la riqueza que le ha dado la vida, y más concretamente, con lo que
vivió en el encuentro de catequesis.
La espiritualidad es el dinamismo del amor que el Espíritu infunde en
nuestros corazones e impregna toda nuestra vida. Pero ese dinamismo del amor
está marcado, enriquecido, adornado, embellecido por unas notas distintivas
que vienen de la misión que uno debe realizar, de la tarea concreta que
debe desempeñar para los demás.
Por eso, no ama de la misma manera un catequista que un monje o que un predicador
itinerante. Ama de otro modo, con otro estilo, con una pasión diferente.
Podemos decir que cuando una tarea se vive de un modo adecuado, se crea una
cultura espiritual propia de esa misión recibida de Dios. Esa cultura
espiritual se transmite cada vez que un nuevo catequista se integra a una comunidad
de catequistas, y adquiere espontáneamente - como por ósmosis
- las notas de la espiritualidad de su misión. Pero esto sucede si verdaderamente
en esa comunidad de catequistas hay una "cultura espiritual catequística".
Es decir, si en esa comunidad se ha encarnado verdaderamente la espiritualidad
específica de la acción catequística; si esa espiritualidad
propia se ha convertido en una suerte de "tesoro comunitario" que
otorga vida y dinamismo. En ese caso, la espiritualidad cristiana se ha "encarnado"
verdaderamente en la misión catequística.
La espiritualidad evangelizadora es un camino de santificación comunitaria
en el ejercicio de la misión apostólica. Este camino no deja afuera
nada de lo que integra la actividad evangelizadora. Todo ha de situarse bajo
el impulso del Espíritu de santidad. Todo ha de elevarse en la presencia
del Dios Santo, implorando juntos su luz, su auxilio y su perdón. Por
tanto, también el camino responsable y participativo de planificación
pastoral, ejecución y evaluación a la luz de la Palabra, forman
parte de este proceso de santificación comunitaria. Necesitamos superar
toda forma de dualismo, como si la organización fuera una realidad diferente
o separada de la vida según el Espíritu.
Cuando llegue el encuentro de catequesis, luego de haberlo preparado a lo largo
de la semana, el momento de la catequesis será un acto espiritual y pastoral
al mismo tiempo. Las palabras y el encuentro con los demás se cargan
de un significando profundo, y así el encuentro alimenta, santifica,
realiza al catequista.
No fue espiritual sólo el momento de plegaria, sino toda a preparación
hecha con amor, que da sentido, gozo, claridad y seguridad al catequista en
el encuentro de catequesis, y puede llegar a vivir una verdadera experiencia
mística en medio de ese encuentro con los demás.
Esta actividad pastoral se hace así profundamente satisfactoria, y en
lugar de desgastarlo, plenifica al catequista y lo llena de vida. Así,
el momento de descanso posterior al encuentro no será el desenchufe de
un corazón vacío y hastiado, que se sacó un peso de encima,
sino el reposo de un corazón profundamente satisfecho.
El encuentro con los demás no debería ser un obstáculo
que limite nuestras posibilidades contemplativas. Afirmar eso sería volver
a establecer un marcado dualismo entre la intimidad y la exterioridad, entre
la subjetividad y la acción, entre la soledad y el encuentro con el otro,
entendiendo la exterioridad, la acción y el encuentro con los demás
como enemigos de la contemplación.
Veamos juntos cómo es esa modalidad específica de ser espiritual
que se vive en la misión catequística, las diez características
básicas de la espiritualidad de la catequesis, o sea, la mística
propia de la actividad catequística.
( Fernández, Víctor Manuel, Catequesis con Espíritu,
Los diez caminos de la espiritualidad catequística, San Benito, 2003)
Del Directorio Catequístico General:
ver nº 234 a 235
Del Navega Mar Adentro: ver nº 78 -79 y 90 - 94
l. Cf. MARTlNEZ BELTRÁN, J. M., "Catequista"., en FLORISTÁN, C. -TAMAYO, J,J., Diccionario abreviado de Pastoral, Estella, 1992, 73-74; ALBERICH, E., Catequesis y praxis eclesial, Madrid, 1983; PEDROSA, V., La catequesis hoy. Madrid, 1983.