Nuestras ofensas
La quinta petición del Padre Nuestro consta de dos partes: de una súplica y de una promesa.
· La súplica:
"Perdona nuestras ofensas" es una oración que todos debemos
pronunciar, porque no hay una sola persona que no haya cometido ofensas. Nos
hacemos culpables contra Dios cuando no atendemos a su palabra, cuando no indagamos
cuál es su voluntad. Cuando pensamos que podríamos vivir sin Él
o contra Él. Cuando queremos instaurar nuestro propio reino.
Nos hacemos culpables cuando no confiamos en Aquel que nos da a su Hijo amado:
Jesús se hizo hombre para que nosotros llegáramos hasta Dios.
Él es para siempre y para todos la prenda del amor y del cariño
del Padre hacia los hombres. Jesús, que conoce como nadie al Padre, nos
habla de cómo Dios perdona. Nos hacemos culpables con el prójimo,
cuando no compartimos con él nuestro pan, cuando no convivimos unos con
otros sino que vivimos unos contra otros. Cuando mutuamente nos empequeñecemos,
nos ofendemos, nos estafamos y nos engañamos.
· La promesa: "Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", está en consonancia con la petición, pero está en contra de nuestra manera de ser. Sufrir injusticias es mucho más difícil que cometer injusticias. El que ha sido ofendido, traicionado, estafado o explotado, piensa en la venganza: Eso me lo va a pagar; se lo cobraré bien cobrado; esa persona sabrá quién soy yo; jamás lo olvidaré; no quiero ya nada contigo... Los amigos se convierten en enemigos; el prójimo, en un extraño.
Estamos totalmente prendidos en una red de injusticias y culpas, si pensamos que la venganza es la única reacción posible, cuando se comete una injusticia con nosotros. Jesús nos muestra que es posible romper esa red y cómo podemos hacerlo: podemos hacer que el amor sea más fuerte que la ofensa y que la ira; podemos dialogar con quien cometió con nosotros la injusticia; podemos darle a él una oportunidad, y dárnosla también a nosotros.
Jesús nos dice lo importante
que es el perdón:
Así pues, si en el momento de llevar tu ofrenda al altar recuerdas
que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar
y ve primero a reconciliarte con tu hermano; luego regresa y presenta tu ofrenda.
MATEO 5,23-24
Perdona nuestras
ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Acógenos bien, como también nosotros nos acogemos bien unos a
otros.
Tómanos de la mano, como también nosotros nos damos la mano unos
a otros.
No tengas en cuenta nuestras faltas, como tampoco nosotros las tenemos en cuenta
mutuamente.
Ten paciencia con nosotros, como también nosotros tenemos paciencia unos
con otros.
Concédenos otra oportunidad, como también nosotros nos la damos
unos a otros.
No nos dejes caer en la tentación, como también nosotros nos apoyamos
unos a otros.
Líbranos del mal, para que todos juntos te alabemos.
Sólo podremos recitar sinceramente la oración que Jesús nos enseña si cada uno de nosotros perdona de corazón al otro.