(Como también escribiría San Pablo el Capítulo 13/1-13 de su 1ra. Carta a los Corintios H O Y... )

Si yo aprendiese inglés, francés, español, alemán y chino y decenas de otros idiomas o lenguas, pero no supiese comunicarme como persona, de nada valen mis palabras de nada valdrían mis palabras.
Si yo terminara una carrera superior y frecuentase cursos y más cursos de actualización, pero viviese distante de los problemas del pueblo, mi cultura no pasaría de una inútil erudición.
Si yo viviera en las villas miserias, pero desconociese los sufrimientos de mi pueblo, si huyese para las vacaciones hacia lugares turísticos, para Estados Unidos y Europa, etc. Y no hiciese nada por la promoción del hombre, no soy cristiano.
Si yo poseyera la mejor casa de mi barrio, la ropa mejor del momento y las zapatillas de moda, y no recordase que soy responsable de aquellos que viven en mi ciudad, de los que andan descalzos y se cubren con ropa sucia y mugrienta, soy apenas un maniquí colorido.
Si yo pasara el fin de semana en fiestas, boliches, farras, sin ver el hambre, la enfermedad, el desempleo y el analfabetismo, sin escuchar el grito ahogado del pueblo marginado de la historia, no sirvo para nada.

El cristiano no huye de los desafíos de su época. No permanece de brazos cruzados, de boca cerrada, con la cabeza vacía.
No tolera la injusticia ni las desigualdades de nuestro mundo. Lucha por la verdad y por la justicia con las armas del AMOR.

El cristiano no se desanima ni se desespera ante las derrotas y las dificultades, porque sabe que la única cosa que va a quedar de todo esto es el AMOR.

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