TU VERDADERO NOMBRE

No puedes ser catequista sin sentirte profundamente un discípulo del Señor.

Llamó a los que él quiso (Me 3,13)

El discípulo no es nunca uno que resuelve personalmente seguir al Maestro.
Sería una elección presuntuosa.
El responde siempre a un llamamiento, que es un don y una gracia del Señor.
Algo parecido ha sucedido en tu experiencia de catequista, que se ilumina con el reflejo de la vocación de los primeros discípulos del Maestro.

"La llamada de los apóstoles" (Me 3, 13 - 15)

Después subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos se acercaron a él. Y designó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de arrojar los demonios.

"Jesús subió, a un monte" (v. 13)

Para Marcos el hecho de que Jesús suba a un monte, antes de elegir a sus apóstoles, no es un detalle insignificante.
El monte indica el lugar en -donde el Maestro pasa, durante la noche, largas horas en oración.
El evangelista Lucas presenta mejor este detalle: "Jesús fue al monte a orar, y pasó toda la noche orando a-Dios" (Le 6, 12). La elección de los apóstoles, sus íntimos colaboradores, es un hecho tan importante que el Maestro siente la necesidad de hablar con el Padre, como si quisiera consultarle.'Toda llamada, también la tuya, está precedida por la oración del Maestro, que también hoy te acompaña en tu servicio de la Palabra.

La vocací6n es un don, que el Señor le pide al Padre, para no privar a la comunidad cristiana de los que anuncian su mensaje por la construcción del Reino de Dios.
Comprendes, pues, por qué aun ante la falta de vocaciones sacerdotales y religiosas en la Iglesia y ante la urgencia de nuevos catequistas, es necesario orar: "Orad, pues al dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 38).
En tu oración personal qué espacio de importancia les concedes a las grandes intenciones eclesiales? Te acuerdas de los sacerdotes y de los religiosos, que probablemente condividen contigo en la comunidad el don y la responsabilidad de la Palabra?

Presentas su misión en la Iglesia a tus muchachos? Los invitas a orar, para que no falten nunca hombres y mujeres capaces de entregarse a sí mismos por el Reino?

Llamó...(v. 13)

Jesús, al contrario de los "rabbí", es decir, de los maestros de su tiempo, no deja que los discípulos lo sigan a la ligera, casi como dispersos, atraídos solamente por el encanto de su persona o por el entusiasmo de su palabra.
El llama personalmente (Mt 9, 9), se detiene a proponerle a cada uno su invitación, los mira a los ojos (Lc 19, 15), los ama (Mc 10, 21) aun antes de que le hayan contestado.
Los llama cerca de sí, porque tienen que conformarse a él en el condividir la idéntica misi6n, que el Padre le ha confiado: predicar y echar a los demonios.
El discípulo condivide la misma misión del Maestro.

La mirada del Señor un día se detuvo también sobre ti con grande amor y con intensidad, cuando te llam6 a ser catequista. Es importante para ti vivir continuamente la experiencia de sentirte amado por el Maestro, porque s6lo entonces te será posible transmitir a los muchachos la profundidad de su amor.
Por este motivo, la primera preocupación de Jesús no es la de enviar a los discípulos a los pueblos a anunciar la Palabra, aunque dicha elección pueda parecer más urgente.
Al contrario, él los llama para tenerlos con él.
El Maestro toma su tiempo para formar a los discípulos, porque él no pide solamente una prestaci6n de mano de obra, sino que exige su persona, es decir, la disponibilidad absoluta.
No se improvisa catequistas, hay que prepararse, estar cerca del Señor y vivir en comunión con él en la oraci6n, en la meditación y en la participación en los sacramentos.
El Maestro, ante todo, te llama a ser su discípulo. Es el único modo de hacerte capaz para el servicio de la Palabra.
"A los que él quiso,,(v. 13)

El motivo de la elección de algunos, prefiriéndolos a otros, a vivir la experiencia del discípulo y del apostolado, no tiene otra explicación que la de que la vocación es un don gratuito de Dios.
"No me elegisteis vosotros a mí, sino yo a vosotros" (Jn 15, 16).
Claro está que el Maestro no encontró nada de excepcional en los primeros discípulos, para llamarlos a seguirlo hasta condividir su misi6n.
Y qué encontró de extraordinario en ti para que un día te haya llamado al servicio de la Palabra en la Iglesia?

También tú, probablemente te hiciste la pregunta: "¿por qué me escogió precisamente a mí y no a otros para ser catequista?" "¿Qué vio de interesante en mí el Señor?".
No hay sino una respuesta: "Nada".
Pero una cosa es cierta: El te ha amado.
La responsabilidad de este hecho debe acrecentar el sentido de la disponibilidad y de la donación al servicio de la Palabra incondicionalmente.
Hasta cuando no entiendas plenamente que eres un "llamado" a cumplir tu ministerio, no lograrás comprender en profundidad el significado de tu misión.
Sobre todo no te será posible captar de manera particular el lazo que te une antes al Señor y luego a los niños de tu grupo de catecismo.

ORACION

Jesús Maestro,
que anuncias ante todo el Reino,
que es muy importante,
hasta el punto que el resto
no vale nada,
concédeme la felicidad de pertenecer
a este Reino,
una felicidad paradójica,
hecha de cosas que el mundo rechaza.
Haz que yo pueda recibir con sinceridad
la Buena Noticia, para buscar juntos
el Reino, construirlo y vivirlo.
Tus palabras revelan el secreto de Dios,
su designio y su promesa,
y cambian por tanto el corazón del hombre
y su destino.

Venid y veréis (Jn 1, 39)

Llegar a ser discípulos no es problema de un simple conocimiento del Maestro, de su vida y de su obra, para poder transmitirla a los demás.
Sería demasiado poco aun para un catequista.
Es necesario vivir su experiencia, estar con él, seguirlo en sus opciones y condividir completamente su suerte.
Se necesitan tiempos largos de comunión con el Señor.

Esa es, en efecto, la invitación que Jesús les dirige a dos de sus primeros discípulos.

La vocación de Juan y de Andrés (Jn 1, 35 - 40)

Al día siguiente, estaba aún allí Juan y dos de sus discípulos, y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "He aquí, el Cordero de Dios". Lo oyeron los dos discípulos y siguieron a Jesús. Volviéndose Jesús, y viendo que lo seguían, dijo: "Qué buscáis?". Ellos le dijeron: "Rabbí (que significa Maestro), dónde vives?". El les dijo: "Venid y veréis". Fueron, pues, y vieron donde vivía, y estuvieron con él aquel día. Era como la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que había oído a Juan y seguido a Jesús.

Pasé Jesús.. (v. 36)

La actitud típica del Maestro cuando llama a los discípulos es la de uno que pasa.

Los evangelistas concuerdan al describir varías veces este modo de comportarse de Jesús (cf Mt 4, 18.20.22; Mc 1, 16; Lc 9, 57; Jn 1, 39).
Es un gesto que tiene un significado profundo. Ante todo delinea la imagen de un Maestro, que va en busca de discípulos, los descubre y los invita a su seguimiento, partiendo de sus distintas situaciones de vida.
Además, expresa la idea de que la llamada llega, a veces, de improviso, de modo imprevisible y constituye siempre una ocasión privilegiada que no hay que dejar perder, porque Jesucristo pasa y sigue adelante. Hay un "hoy" en la invitación del Maestro, al que el discípulo debe responder con un "sí" todos los días.

Esta fugacidad de la propuesta del Maestro acentúa ulteriormente que tu llamada a ser catequista es un don, cuyo valor debes saber captar.
Tu prontitud para acogerla inmediatamente debe traducirse continuamente en una respuesta de reconocimiento y de fidelidad al Señor.

"He aquí el Cordero de Dios" (v. 36)

Juan Bautista, a los dos discípulos que estaban para abandonarlo, no señala en el Mesías un maestro, sino al cordero de Dios.
Es una presentación que califica inmediatamente la imagen del Mesías que deben seguir.
Jesucristo es el cordero de Dios preanunciado, es decir, es Aquel que se pone al servicio de los hermanos, que se sacrifica por ellos hasta dar su propia vida por la salvación del mundo.
Se preanuncia ya la voluntad del Padre que realiza su proyecto a través del sufrimiento y la solidaridad con el hombre.

Seguir a Jesús -parece afirmar Juan Bautista, quiere decir condividir estas opciones de servicio y de disponibilidad a los hermanos, sobre todo significa aceptar anticipadamente su suerte, esto es, un camino que va hacia la cruz.

Es una advertencia importante, porque el discípulo no puede improvisar su decisión, sino que debe ser plenamente consciente de todos los riesgos y exigencias a los que va al encuentro.

Con el ministerio de la Palabra, estás invitado a servir a los demás, a sacrificarte por ellos, para condividir con el Maestro una obra de salvación, que exige renuncia y mortificación en quien la propone.

Los discípulos lo comprendieron sólo después de la Pascua, cuando vieron que el cordero de Dios, muerto por los hombres, salió Vencedor, porque el Padre ha reconocido en él al Siervo fiel a su voluntad.

Venid y veréis (v. 39)

A quien desea convertirse en su discípulo, el Maestro le ofrece en don, la posibilidad de "habitar" con él, es decir, de reconocer de manera profunda el misterio de su vida y de sus opciones.
Es una invitación tan importante, destinada a transformar la existencia de una persona, que Juan, uno de los dos discípulos, recuerda explícitamente la hora: "Eran más o menos las cuatro de la tarde" (Jn 1, 39).
Ser discípulos significa ir a estar y ser de casa, en donde vive el Maestro, dejarse conducir por él, y sobre todo hacerse disponible a su salvación.
Sin esta intimidad no es posible conocer al Señor, esto es, hacer experiencia de él, sentirse amados, para anunciar su nombre.

Por haber pasado una jornada con Jesús los dos discípulos descubren que él es verdaderamente el Mesías.
Esa experiencia es tan maravillosa que no pueden menos de comunicarla a la "primera persona" (Jn 1, 40) que encuentran por el camino. Es Simón, a quien le dicen: "Hemos encontrado al Mesías" (Jn 1, 41).
Por el entusiasmo de haber descubierto a Jesucristo como el Salvador, el enviado de Dios, es como tus palabras no son simples informaciones catequísticas, sino que transmiten, más allá del tono de la voz y de la intensidad de la mirada, la experiencia de fe de un discípulo del Señor.
A cada uno de tus muchachos, tal vez indiferentes e incrédulos, deberías poder decir: "Ven y verás".

Presentas el seguimiento del Señor aun en sus opciones más radicales de renuncia y de abandono?
Entre los que te escuchan en el catecismo no podría haber alguno que ha recibido del Espíritu el don de una vocación sacerdotal y religiosa?

ORACION

Jesús Maestro,
haz que me dedique sin reservas
al anuncio de tu mensaje de salvación,
apoyado por una vida de comunión
siempre más intensa contigo
y por un amor fraterno hacia aquellos
a quienes dirijo tu Palabra.
Haz que mi enseñanza no sea solamente
un hecho intelectual de transmisión de las verdades de fe
sino que forme en los que me escuchan
hábitos de vida cristiana,
y los estimule a seguir su vocación,
sobre todo a la consagración total
al servicio de tu Reino.

Gaetano Gatti