No puedes ser catequista sin sentirte profundamente un discípulo del Señor.
LOS MODELOS DEL DISCIPULO
El Evangelio no espera el comienzo del ministerio del Maestro, para presentar
la imagen del discípulo.
La describe inmediatamente en las escogencias y en las actitudes de algunas
personas, que más le están cerca a Jesús, sobre todo María,
la Madre del Señor, y Juan Bautista. Cada página del Evangelio
está escrita para enseñarle al discípulo el modo de acoger
al Maestro.
He aquí la esclava del Señor (Le 1, 38)
El primer modelo de discípulo es María
de Nazaret, "porque. . . fue la primera y la más perfecta seguidora
de Cristo".,(Exhortación Apostólica sobre el culto mariano,
35). En Ella, pues, la imagen del discípulo encuentra su realización
más completa.
María es realmente la "privilegiada".
La Virgen es ante todo "modelo" de tu ser catequista, porque se proclama
la "esclava del Señor".
Es un aspecto esencial del ministerio de la Palabra.
Por tanto, te es indispensable una auténtica devoción a María
en el revivir sus elecciones ante el Señor.
María: la esclava del Señor (Le 1, 26 - 38)
Cuando Isabel estaba en el sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón llamado José, de la Casa de David; y el nombre de la virgen era María. Entrando junto a ella, le dijo: "Salvé, llena de gracia, el Señor es contigo". A estas palabras María se turbó, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Y le dijo el ángel: "Deja de temer, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Será grande y llamado Hijo del Altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su reino no tendrá fin". María dijo al ángel: "Cómo será esto, pues no conozco varón"?. Y el ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño que nazca será santo y llamado Hijo de Dios. He aquí que Isabel, tu parienta, ha concebido también un hijo en su ancianidad; y la que se llamaba estéril está ya en el mes sexto. Porque nada hay imposible para Dios". Dijo entonces María: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y el ángel la dejó.
"A estas palabras María se turbó" (v. 29)
Ante el saludo del ángel que la proclama
"privilegiada", María siente la turbación propia de
los que ante Dios se consideran pequeños, humildes, es decir, personas
sin importancia.
Siente en sí misma la turbación profunda de quien descubre, improvisamente,
que la propia vida está tomando una nueva dirección, imprevista
y desconcertante.
Es un hecho sobre el cual María se interroga preguntándose el
significado de todo esto, porque desea ser plenamente consciente en su decisión.
La Palabra de Dios es siempre importante, personal, decisiva, y por eso no se
puede acogerla superficialmente. María es modelo del discípulo
que profundiza la Palabra, porque siempre es un don del Señor' al que
hay que prestarle toda la atención.
No puedes leer la Palabra de Dios, mientras te preparas para el catecismo, sin
sentirte implicado por el anuncio que el Maestro te hace en ese momento.
. El discípulo es uno que escucha la Palabra del Señor y establece
con el Maestro un diálogo directo, cara a cara, para luego extenderlo,
enriquecido n vibraciones vitales, a todos los que encuentra.
"Cómo será esto, pues no conozco varón?" (v. 34)
María está atenta a captar todas
las exigencias del proyecto de Dios, a conocerlo en sus diversas peticiones,
para hacer más responsable, pero también más completa,
la propia colaboración. La impotencia de la Virgen se convierte en la
potencia del Espíritu, su pobreza en la riqueza de la manifestación
del Señor, su humildad en la fuerza de Dios.
María descubre en la respuesta del ángel que el Señor,
aunque teniendo necesidad de su colaboración humana, obra por encima
de ella, con una acción soberana y totalmente independiente de su contribución.
La Virgen cree en esta gratuita iniciativa de Dios y ofrece su cuerpo virginal,
para que se convierta en el lugar en donde se manifieste que Jesucristo es solamente
don del Padre a los hombres.
Es la actitud propia del discípulo.
Toda colaboración humana a la acción de Dios, entre ellas la tuya
de catequista, se inspira en un sentido profundo de humildad creyendo que es
el Señor quien siempre dona, obra, toma las iniciativas de salvación
en ti y en aquellos a quienes anuncies la Palabra.
"He aquí la esclava del Señor" (v. 38)
El "sí" de María a la
colaboración en el plan de salvación es la entrega de todo su
ser y de toda su vida a la potencia de Dios.
"He aquí la esclava del Señor". Es el "sí"
de la dependencia absoluta, en la que reconoce la gratuita iniciativa de Dios
no sólo en el misterio del nacimiento del hijo, sino en todo el resto
de la propia existencia. María anticipa a Jesucristo en el cumplimiento
de la voluntad del Padre. Es la elección fundamental de todo discípulo.
Sólo así María puede convertirse en signo y anuncio del
don más grande de Dios, es decir, Jesucristo. La colaboración
con el Señor exige siempre una disponibilidad total a su voluntad, característica
del esclavo.
1 En efecto, ese es el significado del término usado para expresar la
actitud de María en la anunciación. Llamar servicio a tu actividad
catequística, equivale a poner en evidencia no solamente el estilo de
tu relación con los niños, sino, ante todo, el tipo de participación
en la iniciativa de Dios, que exige siempre dependencia a sus proyectos.
Solamente así te conviertes en tu ministerio en signo de las promesas
y de los dones del Señor para los que te escuchan.
Como catequista deberías poder decir: "Soy un esclavo del Señor.
. ." con una fe que dice "sí", ante todo a Dios, que obra
en ti y en tu grupo, sin pretender darle demasiada importancia a tu colaboración.
"No somos sino siervos. Hemos hecho lo que teníamos que hacer"
(Lc 17, 10).'
ORACION
María, fiel esclava del
Señor, siempre buscaste en la vida la voluntad del Padre.
Dios te constituyó tipo y modelo de la fecundidad de la Iglesia-Virgen.
Tú eres el ideal para inspirarme en el servicio de amor para con el Señor
y los hermanos.
Tú eres la Estrella de la evangelización
que la Iglesia siempre renovada, dócil al mandato del Señor,
debe promover y cumplir, sobre todo en estos tiempos difíciles, pero
llenos de esperanza.
Mi alma glorifica al Señor
(Lc 1, 46)
Es propio del discípulo alabar al Señor.
Pero cuáles son los motivos que deben inspirar su oraci6n?
Cuáles las tonalidades para modelar su voz?
El catequista, si es un discípulo atento, encuentra varias ocasiones
para poder expresar al Señor su alabanza por haber recibido en la comunidad
el don de la Palabra.
La Virgen le sirve de modelo.
La oración de María (Le-1, 46 - 56)
Y dijo María:
"Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en
Dios mi Salvador,
porque ha mirado
la humilde condición de su sierva. Porque desde ahora me llamarán
bienaventurada todas las generaciones.
Porque me ha hecho cosas grandes el Omnipotente.
Es Santo su nombre.
Su misericordia va de generación en generación
para los que le temen.
Ha empleado la fuerza de su brazo; ha confundido a los engreídos en el
pensamiento, de sus corazones. Ha derribado a los poderosos de sus tronos,
y ha levantado a los humildes.
Ha colmado de bienes a los hambrientos
y ha enviado a los ricos con las manos vacías.
Ha recibido a su siervo Israel, acordándose de su misericordia, como
había dicho a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia
para siempre".
María estuvo con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.
"María se puso en camino, y fue de prisa a una ciudad.. . (Lc 1, 39)
El anuncio del ángel es una alegre noticia
que María no puede retener para sí, sino que "de prisa"
se pone en camino hacia la lejana casa de Isabel.
Siente la necesidad de acelerar el tiempo de la partida por la alegría
de poder anunciar que el Señor "es fiel a las promesas hechas a
nuestros padres: ha venido en ayuda de Israel, su siervo" (v. 54-55).
Tan pronto llega a la casa de Isabel, ésta, "llena del Espíritu
Santo" (v. 42), la saluda reconociendo en ella a la Madre de Dios. De la
misma manera, más tarde, Simeón "movido por el Espíritu"
(Lc 2, 27) ve en el Niño Jesús, presentado en el templo, al Salvador
prometido.
Siempre es el Espíritu el que mueve los ánimos hacia el encuentro
con el Señor y permite reconocer su presencia y comprender su Palabra.
Sucede así en el primer "anuncio catequístico" transmitido
por la Virgen a Isabel.
Se repite lo mismo cada vez que les hablas del Señor a los niños.
Debes confiar en la acción del Espíritu presente e ' n los que
te escuchan, invocar el don de su luz interior y acatar sus exigencias. La comprensión
profunda de la Palabra no depende de ti sino del Señor.
"Quiero alabar al Señor por sus obras maravillosas" (v. 46)
María toma la palabra no tanto para confirmar
a la prima su propia maternidad, sino para cantar las obras maravillosas del
Señor. La alegre noticia de la encarnación se convierte en sí
misma en un modo de glorificar a Dios.
El anuncio de la Virgen es contemporáneamente expresión de alegría,
oración y mensaje para quien lo escucha.
Hacer catequesis es siempre un modo de manifestar al Señor el propio
reconocimiento y la propia alabanza junto con el grupo de los muchachos.
Por otra parte, no puedes hablar de salvación, de gracia, de perdón,
del amor de Dios Padre, de manera destacada, sin sentir una profunda alegría.
El catequista se dirige a los niños con la sonrisa en los labios, con
el entusiasmo en el corazón y con el alma agradecida.
Tu servicio de la Palabra debe tener siempre el tono alegre del canto de alabanza
de María.
Jesucristo también encuentra en su ministerio ocasiones para alabar al
Padre: "Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
habiendo ocultado estas cosas a los hombres sabios y hábiles, se las
has revelado a los sencillos" (Lc 10, 21).
No desaproveches estas circunstancias para hacer que los niños se unan
en la alabanza al Señor.
"Porque me ha hecho cosas grandes el Omnipotente" (v. 49)
La, preocupación de la Virgen es la de
proclamar la obra maravillosa del Señor. Es el testimonio que da ante
Isabel, que le dirige una alabanza personal: "Bienaventurada tú
que has creído que se cumplirán las cosas que se te han dicho
de parte del Señor" (Le 1, 45).
Parece que María contesta: "bendito es Dios" que tuvo confianza
en mí, que soy una pobre esclava. Es él quien hace obras maravillosas,
manifiesta su misericordia, escoge para su servicio a los humildes y es fiel
a sus promesas.
El verdadero testimonio no se refiere tanto al compromiso del discípulo.
Este no es sino una sencilla ocasión para proclamar que Dios es siempre
quien obra con sus intervenciones aun en el catecismo.
Es testimonio a Dios y por Dios.
Esta actitud puede coexistir con los compromisos de cada día, las infidelidades,
que a veces hacen menos límpido y transparente tu anuncio, cuando no
está ratificado por el testimonio.
El Señor no te pide que des testimonio de ti mismo -sería una
garantía muy pobre para su Palabra, aunque esta contribución humana
tenga su valor- sino que des testimonio de su acción, que, ante tus pecados
y tus incongruencias, se convierte en proclamación de fidelidad a sus
promesas.
ORACION
María, Virgen en oración,
tú das gloria a Dios, con humildad, fe y esperanza.
Tú eres signo de la Iglesia, que todos los días presenta al Padre
las necesidades de sus hijos.
Haz de mi ministerio catequístico una alegre proclamación de la
presencia del Señor en la Iglesia.
En tu himno de alabanza . resuena, proféticamente anticipada, la voz
de la Iglesia.
En tu júbilo, proclamabas, proféticamente, en nombre de la Iglesia:
Mi alma glorifica al Señor ...
Gaetano Gatti