Caminemos en la ESPERANZA
La esperanza se hace fuerte en el dolor (L 23, 39-43)
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba,
diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate
a ti mismo y a nosotros".
Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor
de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos
justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada
malo".
Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando
vengas a establecer tu Reino".
El le respondió: "Yo te aseguro que hoy
estarás conmigo en el Paraíso".
Comentario: Jesús no solo está dando la vida, sino que además garantiza que el hombre puede poseer esa Vida Nueva; Cristo está alentando en el momento de mayor dolor y angustia.
La resurrección de Jesús es garantía
de nuestra esperanza (Jn 20, 11-18)
María
se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba,
se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados
uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto
el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?".
María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor
y no sé dónde lo han puesto". Al decir esto se
dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por
qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando
que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor,
si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré
a buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!".
Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!",
es decir"¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque
todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi
Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había
visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
Comentario: La resurrección es la respuesta del Padre a la entrega de su Hijo; es la Vida Nueva que resurge y se comunica a todos los hombres.
El anuncio y la construcción del Reino es la expresión de una esperanza que no solo espera (Hech 1, 3-11)
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos
dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días
se les apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión,
mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran
de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La
promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua,
pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de
pocos días".
Los que estaban reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora
cuando vas a restaurar el reino de Israel?".
Él les respondió: "No les corresponde
a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su
propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo
que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén,
en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra".
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó
de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo
mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos
de blanco, que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué
siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado
al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir".
Comentario: La obra realizada por Jesús necesita ser continuada por sus discípulos, por aquellos que creyendo en él, y queriendo vivir como él, se comprometen a levar el Reino de Dios a todos los ambientes, a todas las personas.