1. LA SED
Orar es ser consciente
de mi ser en la libertad de quien es más nosotros que nosotros mismos,
Dios... No es ser consciente sólo de lo que tengo o de lo que me falta.
No es ser consciente sólo de lo que amo o de lo que odio. No es ser consciente
sólo de lo que deseo o de lo que temo. No es ser consciente sólo
de lo que puedo o de lo que soy impotente... Orar es llegar a eso más
y más hondo que tenemos todas las personas; es vivir en la conciencia
de mi ser; es ser consciente que soy; ser consciente que somos en Aquel que
es "el alfa y la omega, el primero y el último, el principio
y el fin". (APC. 21,6).
Orar es ir viviendo inmerso en ese ambiente que nos dejó ver Jesús
cuando rodeado de gente, en medio de su actividad exclamó: "Bendito
seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque si has escondido estas cosas
a los sabios entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; sí,
Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien". (MT 11,25-26).
Fundamentación:
Nos preparamos despacio, sin prisas, sin pensar, sino dejando que las palabras
me entren sin que mi cabeza las analice... Las dejo entrar más adentro
aún, donde empieza ese silencio que está más allá
de las inquietudes... Hacemos hueco en nuestras necesidades, en nuestras alegrías,
en todo lo que es mío para abrirme a Dios, abrirme a quien nos ha amado
primero (1 Jn 4,10). Mi silencio es una respuesta balbuciente a su amor...
Ejercicio:
Estoy en esta pequeña capilla. Con estos hermanos, ante nuestro Dios.
Tengo un buen rato para vivir más profundamente eso que llevo por dentro...
Hoy voy a establecer contacto con mi sed... ¿De qué tengo yo sed?
Al tener auténtica sed todo lo demás que me rodea, o que me pasa
no tiene fuerza, pierde su urgencia... Antes de esa sed había creído
que aquello que deseaba era lo único que existía, lo único
que podía llenarme, lo que me iba a satisfacer... Pero una y otra vez
he ido viendo que tras cada cosa concreta, siempre quedaba mi sed... Tras lo
alcanzado, ansiaba otra cosa con la misma urgencia, o más, que antes...
Y así siempre, siempre... Otras veces me parecía que al desaparecer
lo que me estorbaba se acabaría mi dolor, mi inquietud... Y esto me ocurrió
una y otra vez, pues siempre hay algo que me hace sufrir...
¿De qué
tengo auténtica sed? Más allá de cosas concretas...
Sed de ser querido.
Sed de querer.
Sed de amor.
Sed de felicidad.
Sed de paz.
Sed
de verdad.
Sed de sentido.
Sed de Algo, de Alguien superior a mí...
¿Qué es esta sed que me abrasa, y a la que no identifico ... ?
Hay veces que al quedarme
sólo en lo más íntimo, en lo más profundo de mí
mismo noto esa "insatisfacción", sin saber a ciencia cierta
de qué o por qué...
Es verdad que le puedo poner nombres, muchos nombres, que puedo creer a qué
se debe por tantas cosas como ha habido en mi vida, y que me han producido satisfacción...
* Oh, Señor,
dame todo lo que me pueda conducir A TI. (De Flue)
* Señor, yo desearía amarte Bien. (Felipe Neri).
* Señor, dime lo que Tú esperas de mí. (Teresa de Avila).
* Yo te amo, mi Dios, mi único deseo es amarte hasta el último
día de mi vida. (Cura de Ars).
* Dame un corazón sencillo, Señor, para que yo sepa llorar con
los que lloran, y gozar con los que viven en el gozo. (Fecamp).
* Padre nuestro, que venza tu nombre. Misericordia es tu nombre. (Besnard).
* No me dejes, Señor, en la debilidad y la tristeza. (Stein)
* Señor, aquí tienes mi vida, para que hagas con ella lo que tú
quieras. (Lyonnet)
UN REGALO MARAVILLOSO
(Oración de una joven vietnamita).
Por estos
pulmones que respiran,
por este corazón que late,
por estas miradas, por estas sonrisas,
por el menor gesto, el menor...
Por toda
esta vida en mí,
en cada minuto, en cada segundo,
por toda esta vida en él,
el desconocido, el que pasa, el amigo.
Por este
milagro cotidiano que no nos deslumbra,
por este regalo maravilloso que nos ennoblece.
Por tu bondad sin cesar renovando la vida,
por tu amor sin cesar multiplicando la vida.
Por esta
vida,,
y por la vida que Tú nos prometes,
¡MARCHAMOS HACIA TII
Señor,
te ruego,
por los que sufriendo tanto, no pueden rogar,
por los que no tienen la fuerza de permanecer fieles,
por los que se sublevan,
por los que te rehúsan,
por los que no te conocen,
por los que esperan y dudan en ir a tu encuentro,
por los que están muertos y no lo saben todavía.
A todos,
Señor,
danos tu fuerza,
tu paz,
tu pureza,
tu paciencia,
tu prudencia,
tu sabiduría.
Y así,
en nuestra pobreza,
crezcamos en la caridad,
en el Amor.
Amén.
2. LA SEMILLA
Orar en verdad es expresar nuestra auténtica interioridad ante quien sabemos nos ama, Dios. Y esto no se consigue siempre con nuestra razón, sino facilitando que surjan esos sentimientos profundos que tenemos en lo más íntimo de nosotros. Sin miedo, sin desánimo, sin prisas, sin deseos de llegar ya.... pues me sé querido, esto es aceptado apasionadamente por nuestro Dios. Mirar cara a cara mi vida toda es intentar encontrar mi Fuente, mi Gozo, mi Esperanza.... y así poder mirar a las otras personas cara a cara encontrando en ellos mi Fuente, mi Gozo, mi Esperanza...
Fundamentación:
Hemos de callarnos más y más por dentro, sin pretender saberlo
todo, sin querer que todo sea como a mí me gustaría... Aceptar
y aceptarme es una manera de amar...
Ejercicio:
Jesús nos enseña por medio de la naturaleza, por medio de cosas
naturales que todos vemos, pero es posible que muchos de nosotros no lleguemos
a darnos cuenta... Somos, como nos dice Jesús, ciegos que viendo no ven...
(Jn, 9,39-41). Tememos oír para oír y no oímos... (Mt.
13,9).
"El Reino es como
una semilla de mostaza que un hombre plantó en su campo. La semilla de
mostaza es más pequeña que cualquier otra, pero al crecer se hace
más grande que las demás plantas de] jardín, hasta el punto
de convertirse en un árbol lo suficientemente grande para que los pájaros
acudan a él y aniden entre sus ramas" (Mt 13,31-32).
Sostengo la pequeñita semilla en mi mano y la miro... La siento, la abarco
con mis dedos, dejo que la sensación de tocarla y sentirla penetre en
mí...
Levanto la cabeza y ante mí está el árbol que ha salido
de esta semilla... Me dejo impresionar...
Paso una y otra vez de
la semilla al árbol... Del árbol a la semilla... Veo tal cantidad
de ramas, de hojas... Oigo al aire a través de ellas... El reflejo de
los últimos rayos de sol... Y me voy dando cuenta qué es eso tan
pequeño, tan sin peso, que tengo en la palma de la mano, la semilla...
Es mucho más de lo que creo, mucho más de lo que se ve, mucho
más de la pobre impresión que da... Todo este árbol ha
salido de una semilla semejante a ésta...
Estoy frente a este enorme árbol y hablo con él...
¿Cuánto tiempo has tardado en hacerte árbol?
¿No se te ha hecho largo?
¿Tenías esperanza de llegar a ser así?
¿Nunca tuviste miedo de ser más pequeño que los otros árboles,
que tú no valías nada?
Por esta semilla has nacido
y has crecido tú... Se fue haciendo grande, fuerte, con muchas hojas,
con ramas, con frutos... Y me doy cuenta que hubo épocas que no tenía
hojas, que su savia no circulaba por sus ramas, pues hacía mucho frío.
Parecía que no había vida... El árbol permanecía
en su sitio, silencioso. Resistía el viento y la lluvia y las nieves
A veces, por el fuerte viento, parecía que iba a romperse, se inclinaba
a un lado y a otro ¡Era tan débil!
Siempre volvía a florecer, y cada vez más grande, más bello,
había más pájaros en sus ramas, daba más sombra
a las personas que se refugiaban de] sol bajo él en el verano... Y todo
empezó en una semilla. De la pequeñez de una semilla...
Caigo en la cuenta de las raíces del árbol... Cuando empezó
a echar raíces eran tan pequeñas, y crecían hacia abajo...
Yo quería que se hubieran desarrollado a la luz, pues ¿quién
las veía? Ellas se iban metiendo más y más bajo tierra.
Costaba crecer y no se veía nada Fue un proceso lento, costoso y nadie
se daba cuenta...
Y de esta raíz larga, en oscuridad, es de donde ha podido tomar alimento
y bebida Es por donde ha venido mi crecimiento, mi vida, mi fuerza. Era una
larga y paciente búsqueda de lo que necesitaba. Búsqueda que me
ha hecho conocer mucho espacio de tierra... de tal modo que cuando aquella vez
hizo tanto viento el tronco, mi tronco, pudo resistir gracias a que tenía
tantas y tan largas raíces, enraizadas en esa tierra que me había
costado tanto ir roturando...
Desaliento... Alguna vez me rompieron alguna rama... Me podaron, con toda buena intención, pero me quitaron lo mío... Y sin embargo encontré más fuerza en mí mismo para florecer más y mejor, para ser más... ¿Cuántos botones, cuántos brotes surgieron entonces? Caí en la cuenta que todo desgarro, todo dolor me ha servido, sirve para que la vida que hay en mí se afiance y salga por nuevos lados, por sitios que nunca soñé, y con una fuerza incontenible, impensada... He de reconocer que he sido más gracias a esos accidentes que me han causado los hombres, o la misma naturaleza, como aquella vez que me cayó aquella chispa del rayo durante la tormenta... Me dolió mucho que se me desgajara algo que era mío, que era yo mismo.... pero tengo que dar gracias por toda la vida que ha surgido alrededor de aquellas ramas tronchadas... Y toda esa vida alegra y bendice aquel rayo o aquella mano destructora...
Cambio... Hubo una vez que me sentí dichoso de ser como era en ese momento. No quería crecer... Estaba seguro de tener los alimentos necesarios, no iba a pasar hambre, estaba cómodo con mi altura, incluso me sentí contento con ser tan bonito... Y cuando sentí que seguía creciendo tuve una depresión... No sabía cómo iba a ser mi vida si no podía controlarla... Quería que las cosas fueran como yo las concebía, no dejaba espacio a la VIDA... Hoy me hace reir, hace que comprenda tantas cosas y a tantos árboles... Gracias que fui cambiando y aceptándome Me tuve que arriesgar... Y mi felicidad empezó a venir cuando acepté a la Vida y a mi Vida Desde entonces pienso menos en mí, aunque vivo mucho más... Cuando me arriesgué fui dándome cuenta que había empezado a ganar mi vida...
Servicio...
Dar fruto...
Del poder de Dios en mi vida...
GRACIAS. Gracias a la semilla, al árbol, a Dios...
3. EL DOLOR
Hay oscuridades y tensiones que no nos dejan encontrar en paz la presencia de Dios. Este ejercicio de oración va directamente al encuentro de las experiencias negativas, para curar e integrar en nosotros lo que aún no está curado e integrado en un conjunto armónico de todo nuestro ser. Podemos decir que se trata hoy de meditar los misterios dolorosos de nuestra vida.
EJERCICIO:
Prepárate, como otras veces, a la oración, con algún sencillo
ejercicio de relajación. Ábrete a la presencia de Cristo Resucitado.
Siente la mirada del Señor sobre ti, su amor vivificante... y después
de unos momentos, escucha sus palabras: "Venid a mí, todos los
que andáis agobiados con trabajos y cargas, que Yo os aliviaré..."
No hagas el recorrido de
tu vida tú solo. Se trata de visitar ese lado de tu vida que llamas negativo.
Será bueno pedir al Señor Resucitado que te acompañe en
este viaje...
Ahora, deja aparecer ante ti, con ayuda de tu imaginación, los rostros
de todas aquellas personas que te han hecho vivir momentos de infelicidad, que
han traído sombra y dolor a tu vida...
Habla sinceramente al Señor de cada una de esas personas, cuéntale
su relación contigo, como si El no conociera absolutamente nada...
Lo esencial de este ejercicio
es vivir la escena concreta en la que has participado tú, junto a esas
personas. Elige una escena dolorosa, la que tú quieras, y acércate
hasta penetrar en ella y vivirla completamente. Vive este momento de agonía
en tu vida, sabiendo que está en presencia de Cristo. Vive los detalles
que entonces viviste, hasta sentir el dolor que entonces sentiste, quizás
ahora descubrirás cosas que antes no habías descubierto...
Habla sencillamente y con franqueza con Cristo en la Cruz sobre este misterio
doloroso de tu vida. Compara, piensa, siente y decide. Purifica lo más
profundo de ti mismo... Dialoga con El, y así termina tu oración.
ACLARACIONES: para que este ejercicio sea una ayuda eficaz en el campo de la oración:
1.- Lo esencial es revivir,
no recordar o pensar, un misterio de dolor y hacerlo con Cristo, en presencia
de Cristo, imaginándolo a El, o simplemente sintiendo su presencia.
2.- El ejercicio está, pues, muy lejos de un acusarte y recriminarte
a ti mismo por lo que entonces ocurrió, ni menos aún en denigrar
y criticar a los demás por lo que te hicieron.
3. - No se trata tampoco de considerar la escena de dolor a la luz de un juicio
moral, como algo meritorio o pecaminoso de tu vida. No estamos en el caso de
la conocida meditación de los pecados de los Ejercicios Espirituales
de San Ignacio. Se trata de otra cosa.
4.- Se trata de que tú vuelvas al sufrimiento como sufrimiento y lo vivas
en lo que tuvo entonces para ti de sufrimiento. Aparecerá la huella que
te ha dejado. Ahora lo sientes en una perspectiva distinta.
5.- Podrá ayudarte
el escribir brevemente lo que hayas descubierto en esta experiencia. 0 comentar
con una persona que pueda comprenderte. Lo que interesa es profundizar, aclarar,
purificar, realizar un buen drenaje de tu interior, que no reste energías
a tu acción.
6.- Existe una dificultad que se plantea a algunas personas que ven el ejercicio
desde fuera:
"¿Qué ventaja puede obtenerse cuando uno se detiene de un
modo tan detallista, tan morboso,
en un momento negativo de la vida? ¿No es mucho mejor olvidarlo definitivamente
y quedamos en paz?"
A estas personas les preguntamos: "¿Podéis realmente olvidarlo
y vivir realmente en paz?"
Si es así, entonces no os turbará nada negativo de vuestro pasado.
Hay que decir entonces que lo negativo se ha integrado en vosotros y se ha convertido
en positivo. Vuestro dolor será un momento de serena paz, comprendiendo
cómo Dios os regaló un misterioso don en la visita del sufrimiento.
Pero por desgracia, la
realidad más frecuente es muy diversa. Más que olvidar sus experiencias
de dolor, muchos las acumulan precipitadamente en su subconsciente, sin dejar
que la herida sea cicatrizada, sin digerir ese alimento indigesto. Y, allá
dentro, la herida sigue actuando en tu vida, sigue influyendo y manejando sutilmente
tus actitudes, tus respuestas instintivas, y aún tus decisiones ¿No
es mejor sacar todo esto a la luz de Cristo Resucitado para limpiarlo y purificarlo
en la oración?
Si no limpias la oscuridad que hay en tí, si no enfocas cada rincón
oscuro con la luz de Cristo, difícilmente serás libre, y sobre
todo, difícilmente tendrás la paz fundamental que es necesaria
para encontrar a Dios.
Las obras estériles de las tinieblas, dice San Pablo, que hay que sacarlas
a la luz. La luz, denunciándolas, las pone al descubierto Y TODO LO
DESCUBIERTO ES LUZ (Ef. 5,14).